Casa Rural Victoriano

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Confieso que uno de mis entretenimientos favoritos es curiosear casas y hoteles rurales. Me encanta investigar y encontrar lugares únicos e ir almacenándolos en función del objetivo o del plan que surja en algún momento, ya sea en pareja, en familia o con amigos. A día de hoy, como podéis imaginar, el listado es bastante amplio y me falta tiempo y dinero para ir a todos los lugares a los que me gustaría, pero bueno, ahí están. Si alguien de mi entorno pregunta dónde ir, siempre puedo rescatar mi archivo y hacer alguna sugerencia para que luego me lo cuenten. 😀

Hace ya unos meses fuimos con varios amigos a pasar un fin de semana rural. Buscábamos una casa que tuviera barbacoa (siempre es un must), a poder ser con jardín, una zona de estar con chimenea (era invierno) y un comedor cómodo, ya que sabíamos que gran parte del tiempo iba a transcurrir en torno a la mesa, entre platos y buenos vinos. Hay lugares que enganchan desde el instante en el que entras en contacto con ellos, igual que hay momentos destinados a fluir solos. Fue el caso de ese fin de semana en una casa cerca de Pedraza: Casa Rural Victoriano. Si entráis en su web veréis que las fotos hablan por sí solas.

Cuando llegamos y el dueño nos abrió la puerta, percibí esa sensación confortable que te abraza cuando entras en un ambiente agradable; una mezcla de inspiración, intimidad, cercanía… Cada milímetro de la casa era delicado, bonito, con alma propia, se notaba el mimo que habían puesto en crearlo. Imagino que cada cual tiene su propia percepción sobre qué le abraza de un lugar. Para mí es imprescindible que el ambiente sea relajado, sencillo, ordenado, que transmita calma y resulte hogareño, que los colores, los materiales y la decoración, sean lo más naturales posible y estén escogidos de forma que, en conjunto, consigan hacer que tu estancia sea del todo acogedora. De hecho, creo que esa es la definición más bonita de un buen diseño de interior: cuando un lugar ha sido trabajado de tal manera que consigue que otras personas sientan o vivan una experiencia placentera solo por estar en ese ambiente. Cuando estar consigue ser el plan en sí mismo, que esas personas se olviden de lo demás para disfrutar del tiempo de su estancia, que sientan que ha merecido la pena escoger ese lugar entre los demás. Me parece maravilloso ese poder.

El objetivo de cualquier alojamiento al que le importe causar una buena impresión a sus huéspedes debería ser que estos no noten que están durmiendo en un lugar que no es suyo o, si lo notan, que sea porque lo supera. Para mi esa es la clave, me encanta encontrar lugares que encajen con lo que yo misma habría creado para mí. Es difícil, pero los hay, y cuando lo vives te das cuenta de que no cuestan, sino que valen. Para disfrutar de según qué viajes, sobre todo aquellos en los que vas a pasar la mayor parte del tiempo en el interior de un alojamiento, es esencial sentirse a gusto. Y aunque es una obviedad, no es nada fácil que esto sea así, cada persona tiene sus gustos y diferentes niveles de satisfacción sobre lo que espera de un lugar, así que, en mi opinión, no es algo que haya que dar por sentado solo por estar pagando por ello. No siempre es agradable, aun siendo caro. Hay de todo. Seguramente habréis tenido experiencias encontradas entre lo que veis en las fotos y lo que descubrís luego en realidad al llegar. A mí también me ha pasado, varias veces, y es algo que siempre me ha molestado mucho. Si voy a un sitio que me atrapa visualmente, espero vivir la experiencia que he imaginado o algo que se aproxime y cuando no es así, mi estancia cambia por completo. Es una pena.

Ese fin de semana fue fiel a lo esperado y por eso he querido escribir sobre esta casa, porque lo merece. Al disponer de cuatro habitaciones dobles con baño propio, cada cual más personal y apacible por cierto, tuvimos tiempo y espacio para disfrutar de ratos juntos y a solas, cada uno haciendo lo que más le apetecía en algún que otro momento de libertad. Me moría de ganas de pasar un fin de semana de desconexión total, en un lugar apartado en pleno invierno, con frío a morir para sentirme todavía más a gusto dentro de casa. Poder disfrutar de la chimenea, de la madera… Me apetecía mucho también compartirlo con amigos y tengo que decir que la experiencia fue una delicia. Disfrutamos de ratos y conversaciones muy agradables en torno al fuego, de platos y vinos exquisitos con vistas al campo y de paseos al pueblo de Pedraza para recorrer sus calles, tomar el aperitivo y hacer la compra básica del día en colmados de toda la vida. La verdad es que fue una gozada, creo que todos lo percibimos así y estaríamos encantados de volver al mismo lugar, así que si en algún momento buscáis algo que encaje con lo que os he contado, ya sabéis dónde ir, aunque iré compartiendo muchos lugares más en mis próximos posts.

Para terminar, os dejo un breve extracto en el que cuentan algún detalle más sobre la historia de la casa y el lugar en el que se construyó. Que tengáis una feliz primera semana de junio y, como siempre, gracias por leerme.

Esta casa fue levantada en la zona denominada «La Fuentecilla» y sobre el antiguo huerto de labranza del abuelo Victoriano (de ahí su nombre). Es una zona de manantiales (la propia casa tiene uno) que se aprovechaban para abastecer de agua al pueblo. No en vano, a pocos metros de la casa, aún se conserva el pilón para el ganado (hoy día en desuso) y una pequeña cueva donde se encontraba la fuente.

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