Generación consciente

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Photo by Evgeni Tcherkasski on Unsplash

Hace unos días vi un documental que me hizo reflexionar mucho, se llama Minimalism: A Documentary About the Important Things y está en Netflix. Trata de los excesos de consumo, de cómo nos afecta a las personas y también al medio ambiente. Aunque es un tema que en general tengo en mente, me doy cuenta de lo fácil que es olvidarse de todos los detalles que tendría que tener en cuenta en mi día a día. La verdad es que ese es uno de los motivos por los que más de una vez he desistido de algunas prácticas extremas, no me importa reconocerlo, pero siempre que vuelvo a ser consciente del impacto de nuestros hábitos, vuelve a invadirme la preocupación.

Dicen que la Generación Y, también conocida como Millenial, es la generación consciente porque hemos conocido el problema medioambiental desde que nacimos, así que somos la primera generación que nace preocupándose por ello. Nos han educado en la re-utilización de objetos, el reciclaje de residuos, el uso responsable de los recursos naturales y nos han hecho saber que consumimos en exceso, aunque los responsables de ello sigan sin asumir su parte de compromiso. Formo parte de esa generación y puedo constatar que sí, he crecido siendo consciente desde que soy pequeña, pero lamentablemente no lo hacemos lo suficientemente bien para lo rápido que avanza el problema.

Hace unos años vi varios documentales preocupantes, entre ellos: Home y Comprar, tirar, comprar (si no los has visto, te recomiendo que lo hagas, están en Youtube). Ambos me dejaron boquiabierta. Cuando estudiaba diseño de interiores, tuve una asignatura que se llamaba Eco-diseño y aprendí sobre materiales re-utilizables y prácticas sostenibles para mantener en mi rutina diaria. La verdad es que me encantó esa asignatura porque sentí que todo lo que me aportaba era conocimiento bueno. A día de hoy, y a pesar de todo lo aprendido, siento que podría hacerlo mejor, que no estoy aportando tanto como me debería, que en mi día a día y en la sociedad en la que vivo, no es nada fácil. De hecho, sociedad y sistema son gran parte del problema. Me entristece que haya que luchar tanto por concienciar sobre nuestra Tierra.

Photo by Laureen Missaire on Unsplash

Si es verdad que de un tiempo a esta parte el movimiento consciente está creciendo. Escucho, sigo y leo a muchas personas que hablan del tema de forma diaria y que promueven pequeños cambios. Eso me alegra, muchísimo, porque no solo me gusta conocer cómo va evolucionando, sino que también aprendo a tener mejores hábitos. Intento ser coherente, aunque a veces me sienta frustrada, porque, insisto, no me parece nada fácil adecuar nuestra vida viviendo donde vivimos y hacer todo como realmente me gustaría. A veces incluso me siento atrapada, siento que me encantaría romper con todo y trasladarnos a algún lugar en el mundo donde fuera posible vivir de otra manera, donde pudiésemos vivir bajo unos valores que realmente marquen y aporten una diferencia. Que nuestros hijos crecieran aportando y viviendo ya de forma diferente, de forma positiva para el entorno y para ellos. Me encantaría que estudiaran y aprendieran desde pequeños temas que realmente importen, en lugar de ser un número más que se une a la enfermedad del consumo.

Llenamos nuestra vida de cosas como forma de llenar un vacío, porque es lo que hemos aprendido. Desde mediados de los 90, nos han hecho creer de forma ilusoria, lentamente, durante años y años, qué tipo de vida era la perfecta y qué teníamos que hacer para llegar a alcanzar esa vida: tener. Y nosotros, como humanos emocionales que somos, nos lo hemos creído, hemos confiado en ese modelo de felicidad como proyecto de vida: ¿Qué quieres ser de mayor? Quiero ser «eso» que veo en esta revista, «eso» que veo en la tele». Pues para ser «eso», tienes que hacer «esto», necesitas «esto», compra «esto». ¿En qué momento nuestro proyecto de vida se convirtió en Tener para Ser?

Así que por el camino tenemos más y más a la espera de alcanzar ese estatus de vida feliz, pero nunca es suficiente, siempre anhelamos más porque forma parte de nuestro ser, es un mecanismo de supervivencia, de evolución. Así que el círculo se cierra en una permanente insatisfacción y, por tanto, una sensación de infelicidad que no desaparece, una búsqueda constante. Es una adicción, no es forma de vivir, somos esclavos y continuamente nos animan a mantener esa adicción. Vivimos angustiados por ganar más, para tener más. Lo conseguimos y luego vivimos mal porque pasamos la mayor parte del tiempo trabajando para mantener nuestro estatus de vida consumista, y en ese ansia por tener y mantener, nos invade la ansiedad y el estrés por nuestra forma de vida, por nuestra infelicidad. Nuestros cuerpos explotan porque no pueden más, nos dan señales y lo solucionamos yendo a la farmacia para poder volver de nuevo a meternos en la misma rueda.

Desde luego la felicidad así nunca va a aparecer, no está asociada a tener, sino a aportar. El gran mal que nos han traído las últimas décadas es no haber sabido medir, no haber sabido utilizar el marketing y la publicidad para bien, para todo aquello bueno que puede llegar a aportar. Y el gran problema, no es sólo cómo nos afecta a nosotros, a nuestro estado de ánimo o a nuestro continuo pesar por ser felices; el problema realmente grave es que afecta a nuestro mundo. Nos estamos cargando la Tierra con costumbres sin sentido, porque si al menos fuésemos felices…

Creo que es nuestro compromiso como generación consciente asumir la responsabilidad. Cada uno la que pueda dentro de sus posibilidades y poco a poco. Es un proceso, no por no hacer algo enorme va a servir de poco. Cada pequeño hábito que vayamos consiguiendo cambiar orientado a cuidar el medio ambiente, es un hábito destinado a ser bueno para nosotros. Y eso es algo lleno de sentido. ¿Quién no quiere vivir mejor? Ahora mismo hay un montón de marcas que trabajan materiales de forma sostenible, opciones para dejar de consumir plástico, ropa hecha de textiles orgánicos, etc. Crecen las opciones y espero que lo sigan haciendo, que eso sea nuestro futuro. Nosotros podemos empezar por valorar lo que tenemos, deshacernos de lo que no necesitamos y comprar cosas que realmente duren en el tiempo, para así disminuir el consumo. Tener menos, de más valor y que dure. Eso es lo que quiero que conozcan mis hijos, me hace feliz pensar en transmitirles eso, sea donde sea.

Hemos aprendido a ansiar lo mejor para ser felices. Utilicemos ese aprendizaje para algo que realmente nos haga felices, no para algo que nos genere ansiedad, que nos vaya destruyendo y arrasando nuestro planeta. Creo que luchar por conservar y vivir mejor es un objetivo que llena. Nos hace tener un propósito de vida mucho más rico y, al menos, carente de agobio por conseguir tener.

Ya se sabe, cuanto menos tienes, más valoras las cosas importantes.

Gracias por leer este post tan largo, tenía mucho que decir. Espero haberte inspirado y que te intereses más por este tema si no lo haces ya… 🙂

P.D: Te dejo aquí el link a un podcast sobre sostenibilidad entre Andrea Moretti y Maria Negro que me pareció muy interesante. Últimamente, me gusta mucho escuchar podcasts sobre temas que me gustan, mientras hago cosas que no requieran concentración excesiva y me permitan escuchar (haciendo ejercicio, por ejemplo, caminando por la calle, mientras conduzco, etc). Te lo recomiendo.

Paola.

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0 Comentarios Agrega el tuyo

  1. JuliaJoly dice:

    Cuanta razón hay en tu escrito y que bien transmitido esta. Estoy de acuerdo en que estamos metidos en un bucle del cual es muy difícil salir pero pienso que si empezáis a poner los medios, vuestra generación, es probable que cuando tengáis mi edad, hayáis conseguido mejores resultados. Es por eso que me gusta tu manera de pensar y que des a conocer a través de tu blog este tema. Te animo a que sigas generando interés a todos tus seguidores y seguidoras de ahora en adelante y para siempre!!!

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