¿Para qué haces las cosas?

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Llevo unas semanas reflexionando mucho sobre el para qué de las cosas más importantes que hago en mi vida. A veces aterra hacerse esa pregunta, porque a veces uno se da cuenta de que no tiene respuesta.

¿Para qué estudié esto? ¿Para qué trabajo aquí? ¿Para qué quiero el dinero? ¿Para qué leo esto? ¿Para qué quiero tener una relación? ¿Para qué quiero ser madre? ¿Para qué quiero emprender? ¿Para qué quiero escribir, pintar o pasear?

Llevo algo más de un mes haciendo meditación todos los días, durante 10 minutos. ¿Para qué? Para concentrarme. Para vivir en el presente. Para conseguir mejorar mi atención. Para aclarar mis ideas. Para reducir el estrés que siento. Para valorar más mi vida.

Tengo casi todo lo que quería. Y sin embargo, algo me falta. Algo grande, que no me deja tranquila. No me deja vivir y disfrutar del presente. Eso que falta, llena mi mente. El cerebro tiende a centrarse en lo que no tenemos. Tiene una explicación, es un mecanismo de supervivencia primitivo, de seguridad. Se mantiene alerta, busca las brechas de nuestra seguridad, para mantenernos vivos. Y ese estado de vigilancia, nos genera ansiedad y tensión, aunque todo vaya bien. Eso explica porqué aunque logremos mucho, no nos sentimos satisfechos. No nos sentimos en paz. Nuestro cerebro siempre busca lo que nos falta, lo que hemos podido pasar por alto. Y eso hace que no consigamos sentirnos en paz.

Eso me pasa a mi. Ha sido revelador aprenderlo, me siento, en cierta manera, aliviada. Pero necesito trabajar mi mente, sentirme mejor. Por eso empecé a meditar. Me siento muy desconectada de la vida, de la realidad en muchos momentos. Ese es otro de los motivos. Pienso que si consigo conectar más, conmigo, con la realidad de cada momento presente, me sentiré mejor. Y sé que gran parte de culpa de esa desconexión, la tiene el entorno digital: el móvil, las redes sociales, internet… El mundo digital es tan bueno, como malo. El mal de nuestra generación es esa falta de conexión. No conseguimos centrarnos en lo que hacemos. Tenemos la mente dispersa, en mil lugares. Interrupciones constantes, ruido digital. Nos paraliza, no nos permite avanzar porque estamos pasmados leyendo, viendo, observando. Demasiada información. Nuestro cerebro está abrumado. Necesita parar. Mirar alrededor parar a vivir y a hacerse preguntas reales.

El mío realmente lo necesita. Necesito desconectar del mundo digital y conectar con el real. Para descubrir los para qué. Para crear, para hacer, para aportar. Desde mí, desde dentro. Sin mirar más a lo que hacen los demás, porque eso me paraliza. Nunca creo que es suficiente y quiero que empiece a serlo. 

Así que hoy, empiezo a aportar.

 
 

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